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Uruguay y las excepcionales condiciones de acceso al crédito

 

Uruguay y las excepcionales condiciones de acceso al crédito

Experiencia BCP

EL OBSERVADOR

Las condiciones para el acceso al crédito internacional de Uruguay mejoraron sustancialmente en el último año. No es un tema menor. De un tiempo a esta parte, una de las grandes preocupaciones de los expertos respecto a las perspectivas para la economía local era la manera en la cual los cambios en la política monetaria en Estados Unidos iban a impactar en las exigencias que imponen los mercados financieros a los países emergentes. Sin embargo, ese proceso por el cual las tasas de interés de la principal economía se normalizan, se ha dado de manera muy lenta y las perspectivas de acceso fácil a un crédito abundante y barato, se han prolongado.

Esto se refleja en el precio de los bonos uruguayos, que en el último año y medio han aumentado su atractivo para los inversores. Son varios los indicadores que dan cuenta de esta mejora.

El riesgo país de Uruguay se redujo a la mitad desde febrero del año pasado. Ese indicador muestra la diferencia de tasas que exigen los inversores por un título de deuda de un país determinado respecto a aquellos bonos similares que se consideran "libres de riesgo"; es decir, los emitidos por el Tesoro estadounidense. El Índice de Riesgo Uruguay de Bevsa (Irubevsa) marcaba 346 puntos básicos (3,46 puntos porcentuales) a mediados de febrero del año pasado y el viernes, esa diferencia respecto a Estados Unidos se había reducido a 175 puntos.

Durante ese período, los títulos uruguayos cobraron fuerza. El índice de precios Ibvmbg de los bonos emitidos por Uruguay en el mercado internacional –elaborado por la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM)– subió 13,2% desde mediados de febrero.

El desempeño de la economía uruguaya desde mediados del último año, que superó las expectativas de analistas locales, el gobierno y los observadores del exterior, tuvo algo que ver en este repunte de los bonos locales. Sin embargo, buena parte del fenómeno es importado.

El banco JP Morgan realiza un indicador global de riesgo país de mercados emergentes, el EMBI+. Este indicador se redujo de 487 puntos básicos a mediados de febrero de 2016 a unos actuales 332 puntos, lo que muestra que la tendencia de las economías como la uruguaya fue de una mejora en sus condiciones de acceso al crédito. Este escenario no solo permitió a Uruguay marcar hitos exitosos en los mercados de capitales en los últimos meses. Dos semanas después de que en junio, el gobierno uruguayo emitiera un histórico título en pesos nominales en el mercado internacional por US$ 1.250 millones con una demanda que superó 4,5 veces la oferta, Argentina –un paria de los mercados de capitales– sorprendió a los inversores con un bono a 100 años que fue muy demandado.

Otros países emergentes, como Egipto, Costa de Marfil y Senegal, también aprovecharon las condiciones excepcionales de los mercados emergentes para colocar con éxito emisiones de deuda en los últimos meses.

El temor detrás de los mercados de un tiempo a esta parte era que una vez que Estados Unidos consolidara su crecimiento económico, restableciera rápidamente sus tasas de interés de referencia –en mínimos históricos– y eso mejorara los retornos de las distintas inversiones en los mercados financieros desarrollados, con el corolario de una pérdida de atractivo de las colocaciones en el mundo emergente.

Eso nunca sucedió. La Reserva Federal (el banco central) de Estados Unidos optó por un camino gradual y muy pausado. La semana pasada, la presidenta del organismo, Janet Yellen, destacaba que el nivel al cual la tasa de interés se convierte en un elemento neutro para la economía –no promueve el crecimiento y tampoco lo ralentiza–, está un poco por encima de los actuales, pero que ese punto es hoy más bajo que en períodos anteriores. Esto es, hay espacio para nuevas subas de tasas, pero no van a ser aumentos bruscos ni significativos porque la tasa a la que aspira la Fed es relativamente baja.

Las mejores condiciones de mercado se suman a una mejor evaluación que hacen los agentes externos sobre la economía uruguaya, sus perspectivas y sus desafíos.

Si bien las agencias calificadoras de riesgo han mantenido sin cambios la nota uruguaya, dos de ellas revisaron al alza sus perspectivas, lo que implicó una importante reducción de la probabilidad de una baja en la calificación, que hasta el año pasado, era una opción sobre la mesa.

A fines de mayo, Standard & Poors pasó de "negativa" a "estable" la perspectiva de su nota de Uruguay, en BBB –un escalón por encima del grado inversor–. Lo mismo hizo Moodys la semana pasada.

Ambas calificadoras destacan el buen desempeño de la economía uruguaya desde mediados del año pasado –que a partir de setiembre, acumuló dos trimestres consecutivos de crecimiento superior al 3%– y su capacidad de resistir una contracción de las economías de Argentina y Brasil al mismo tiempo.

Sin embargo, ambas detectan desafíos importantes. Llaman la atención sobre el abultado déficit fiscal que, de mantenerse, conduciría a una trayectoria insostenible de la deuda pública. Es una advertencia seria. Ambas calificadoras destacan el énfasis del equipo económico sobre estos temas y toman el ajuste fiscal en curso como una prueba de la preocupación oficial al respecto. En definitiva, hacen un voto de confianza en el gobierno sobre el cumplimiento de su compromiso, ratificado en la última Rendición de Cuentas, de cerrar este período de gestión con déficit casi un punto más bajo del actual 3,4% del PIB.

Esa proyección oficial actúa como garantía de una sanidad fiscal que Uruguay hoy no tiene. Las calificadoras de riesgo y el mercado en su conjunto muestran confianza en Uruguay y sus autoridades. Promesas, más que hechos. Y eso obliga a redoblar esfuerzos para su cumplimiento, porque en eso descansa el mantenimiento o no de las actuales condiciones de acceso al crédito, en un escenario externo que es más favorable de lo esperado.

Publicado el Martes, 18 de Julio de 2017