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Empresario de Miami, único hispano en la Bolsa de Valores de Nueva York

 

Empresario de Miami, único hispano en la Bolsa de Valores de Nueva York

EL NUEVO HERALD

Leo Guzmán nunca imaginó en su pueblo de Encrucijada, en la provincia de Las Villas en Cuba, que sería el único hispano miembro de la Bolsa de Valores de Nueva York.

De las 1,366 bancas que tiene la Bolsa, que pertenecen a los bancos de inversión y agentes de bolsa más importantes de Estados Unidos, Guzmán ocupa una de ellas. El presidente y fundador de las compañías Guzman & Company y Guzman Energy, ambas con sede en Coral Gables, adquirió su membresía en 1992 y hoy sigue siendo un hito para un negocio propiedad de un hispano. Para ser miembro, la empresa debe tener un valor de no menos de $40 millones, y $1.1 millones de las acciones deben ser públicas.

"Nosotros hacemos algo que nadie hace en Miami. No tratamos con el público sino que somos corredores de bolsa institucional", dice, explicando la naturaleza de los negocios de Guzman & Company, creada en 1987.

A diferencia de otras firmas de corredores de bolsas de esta ciudad, en muchos casos también en manos de cubanos, Guzman & Company se dedica a transacciones de alto calibre.

"Compramos 200 o 300 acciones a la vez. Trabajamos con instituciones muy grandes", informa Guzmán, que decidió invertir en hacerse miembro de la Bolsa fundamentalmente para obtener acceso a su sistema electrónico.

Para hacer una analogía de las ventajas, explica que la Bolsa provee “la carretera”, pero el “automóvil”, en ese caso los programas de computación, los pone la firma. Hoy estos programas se pueden comprar, pero en los comienzos de su compañía había que diseñarlos, lo que era realmente costoso.

Según el empresario, las puertas de la Bolsa no han estado cerradas a las firmas inversionistas hispanas, sino que no ha habido interés en el mercado mayoritario institucional que él maneja.

“Las personas en Miami, los hispanos, y los cubanos como parte de eso, tienden a mirar hacia dentro, se concentran en el mundo de Miami o en Latinoamérica, y crean su propio universo y no miran tanto al mundo exterior”, dice.

En el país de las oportunidades

Guzmán, de 71 años, no cree en barreras, y si las hubiera, su historia personal confirma que sabría eliminarlas. Llegó a Estados Unidos en 1961, con 15 años de edad, como parte de la Operación Pedro Pan. A diferencia de otros niños y adolescentes cubanos que viajaron sin sus padres a Estados Unidos en ese éxodo, no fue a un campamento sino a un colegio religioso en Nueva Jersey, Don Bosco.

Su primera Navidad la pasó solo en el colegio porque todos se fueron con sus familias. Lo acompañó un libro de biografías de matemáticos famosos, Men of Mathematics, que leyó con ayuda de un diccionario inglés y español.

Al año y medio ya sabía inglés y se destacaba en matemáticas. Estaba listo para participar en un programa especial del National Science Foundation que fue la respuesta de Estados Unidos al programa Sputnik de la Unión Soviética. Con la preocupación de que el país no tenía suficientes hombres de ciencia, se ofrecieron becas para un curso de verano en el Brooklyn College, y Guzmán fue uno de los beneficiados.

De regreso de una de las clases, en una conversación con un condiscípulo se enteró de que este aspiraba a estudiar en una universidad llamada Columbia. Guzmán no estaba muy enterado del prestigio de esta institución, pero no dudó en tomar el tren hasta Columbia University y presentarse en la oficina de admisión para solicitar que lo aceptaran.

Ya para entonces sabía que quería estudiar ingeniería, y ese fue su día de buena suerte. Debía hacer una cita para la entrevista con el consejero de admisión y esperar. Sin embargo, consiguió que se la dieran para ese día. Al rato estaba en jeans y una camisa cualquiera compitiendo con otros candidatos que vestían de traje y corbata.

Pero consiguió impresionar al entrevistador, que no solo lo aceptó en la Universidad sino que decidió no cobrarle los $25 que costaba procesar la solicitud de admisión y que Guzmán no tenía.

“La suerte ayuda al audaz, o al que no sepa que es audaz, que es mejor todavía”, comenta Guzmán.

En 1969 se graduó de Columbia University, y en 1971, el año en que por fin sus padres pudieron reunirse con él en Estados Unidos, obtuvo su maestría en Administración de Negocios de Stanford University. Primero trabajó para la firma inversionista Lazard Frères y luego fue jefe de inversiones de la compañía kuwaití Gulf Investments Company. En 1985 se establece en Miami y dos años después se lanza al negocio privado.

El mercado de la energía

Guzman Energy se dedica a la compra y venta de electricidad en el mercado mayorista, y aunque la compañía tiene una de sus sedes en Coral Gables —la otra está en Denver, Colorado—, no puede vender energía en nuestro estado por el monopolio de la Florida Power & Light.

“El 70 por ciento de la energía que se consume en Estados Unidos se hace en estados en los que se puede comprar y vender la electricidad en mercados mayoristas”, informa Guzmán, indicando que este mercado es muy complicado porque la electricidad no se puede almacenar y la que se produce tiene que ser igual a la consumida.

Guzman Energy es un intermediario, por ejemplo, entre una planta generadora de energía y una ciudad que necesita adquirirla. Pueden hacer contratos a corto plazo y otros para proveer energía a 10 o 15 años.

A diferencia de su firma inversora que se concentra en Estados Unidos, Guzman Energy está planeando entrar al mercado energético en México.

“Los mercados de Estados Unidos ya están maduros o el crecimiento es negativo. Hoy la conservación de energía es tan grande que el consumo está bajando”, explica. “En contraste, el mercado de energía de México sube a pasos agigantados”.

Este mercado tiene además otra ventaja, es muy similar al de Texas y California, donde la compañía opera con comodidad.

Guzman Energy desarrolla también proyectos de energía alternativa. Han creado un centro de energía solar en Aztec, Nuevo México, y en California construyen varios campos solares.

“El cliente nos pide que parte de la energía sea solar. Hay mucho interés de las corporaciones en recibir energías renovables para proteger el medioambiente, sobre todo en el Oeste”, dijo.

Guzmán informa que en gran parte el impulso al consumo de energías renovables descansa en los estados y no en el gobierno federal. California consume un 33 por ciento de energías renovables y aspira a llegar al 50 por ciento para el 2030. Nueva York tiene un objetivo similar.

Las energías renovables, como la solar y la eólica, ofrecen ventajas para el bolsillo del consumidor porque el costo no depende de ningún otro factor. El precio del gas o del carbón de piedra puede variar, pero no ocurre así con el viento, ejemplifica.

“En los mercados en los que se puede comprar y vender electricidad, la industria se dirige en la dirección que el consumidor escoge, no en la que pauta el monopolio”, dice.

Lo que no deja de resultar una ironía para una compañía como la suya que tiene su sede en un estado donde no se puede hacer ese tipo de elección.

Publicado el Martes, 12 de Diciembre de 2017