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¿En Miami se vive o se sobrevive?

 

¿En Miami se vive o se sobrevive?

Experiencia BCP

EL NUEVO HERALD

En 1981, Antonio Marrero, un cubano llegado a Miami por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso un año antes, tenía tres empleos. Trabajaba el turno de la madrugada en un almacén de las tiendas Sears. Después de dormir unas horas se iba en la tarde a despachar en una gasolinera, en la que le vendía plumas a los clientes mientras les ponía combustible en el carro. Todo esto a la vez que estudiaba para sacar su licencia de vendedor de bienes raíces.

“Yo tenía un objetivo, estaba ahorrando para comprarme una casa y traer a mi familia de Cuba”, recordó Marrero sobre sus comienzos en Miami, una ciudad que entonces enfrentaba una oleada de recién llegados, los “marielitos”, que buscaban trabajo en lo que fuera para comenzar su vida en este país.

“Nunca me quejé porque sentía que tenía un futuro por delante, que si trabajaba duro lograría lo que yo quisiera”, dijo Marrero, de 72 años, que antes de retirarse, era dueño de una compañía de real estate y otra de procesamiento de préstamos hipotecarios.

Hoy sigue predominando la ética de trabajo típica de los inmigrantes entre la mayoría de los miamenses, pero con una gran diferencia, muchos se ven obligados a tener varios trabajos para pagar los gastos mensuales básicos.

Sobrevivir en una ciudad que por segundo año consecutivo fue señalada como la peor del país por los altos precios de los alquileres, obliga a muchos a alargar la jornada regular de trabajo de los estadounidenses a más de 40 horas a la semana.

El costo de la vivienda es la carga más severa. Un informe emitido en septiembre por el sitio Aparment List indicó que el 62.7 por ciento de las familias en Miami destina más del 30 por ciento del salario a pagar la renta.

En octubre del 2017, el portal de finanzas Howmuch.net publicó un estudio que indicaba que los residentes de Miami tenían que trabajar 109 horas mensuales para pagar la hipoteca de su casa. Miami ocupó la tercera posición entre las 98 ciudades de Estados Unidos incluidas en el informe, que comparó el ingreso promedio de los residentes, de acuerdo con datos del Censo, con los precios de la vivienda, según Zillow.

Un informe de junio de la Coalición Nacional de Vivienda de Bajos Ingresos indicó que un inquilino tiene que ganar $25.95 por hora, más de $54,000 anuales, para pagar lo que se considera la renta promedio en Miami, $1,350 mensuales. Los miamenses saben que en realidad esta cifra resulta casi imposible de encontrar en la mayoría de los vecindarios, donde el alquiler de un apartamento de dos cuartos y dos baños oscila entre $1,500 y $2,300.

Así, alguien que gane el salario mínimo en la Florida ($8.25 por hora), debería tener tres trabajos a tiempo completo es decir, trabajar más de 120 horas a la semana para pagar un apartamento de dos habitaciones en Miami.

Si bien la vivienda es la carga mayor, a esta se suman el costo de la canasta básica de alimentos, el seguro y la mensualidad del auto, el cable de televisión o la suscripción a Netflix o Amazon; la conexión a internet y el pago del celular.

La base de datos global Numbeo resumió estos gastos, y añadió otros como el del entretenimiento, el cuidado de los niños y la ropa, y determinó que el costo de la vida en Miami para una familia de cuatro, descontando la vivienda, es de $3,667 mensuales.

Los malabares de los miamenses

Ibetti Pérez, una actriz cubana que tiene tres trabajos, conoce en carne propia el juego de la supervivencia en Miami.

De lunes a viernes se levanta a las 3 a.m. para llegar a su empleo de productora de una revista matutina en una emisora de radio y televisión, en un trabajo de tiempo completo. Los fines de semana da clases en Gira-Sol, su grupo de teatro para niños, y cada vez que le ofrecen un papel en una obra de otro grupo también lo acepta.

“Ahora me estoy aprendiendo el texto para una obra de teatro. El otro día me paró un policía porque grité en el carro: ‘Dios, sáquenme de aquí’, y pensó que me pasaba algo”, contó Pérez sobre los pocos momentos que tiene libre y aprovecha para prepararse para la obra.

“El único día que descanso es el domingo, y cuando tengo algún proyecto como un documental, también trabajo”, acotó.

A Pérez lo que más le molesta de su situación laboral en la televisión es la inestabilidad de una industria en la que todo depende de los ratings y que además enfrenta la amenaza de la internet.

“Ahora ya la competencia no es de talento, es de dinero, pides menos salario para que te den el trabajo”, explicó Pérez, que considera que este es uno de los momentos más difíciles en su campo de trabajo porque bajan los salarios y se duplica el trabajo.

Julián, un técnico de sonido que prefirió no dar su apellido, fue despedido de una de las cadenas de televisión nacional que tienen sede en Miami después de 15 años de trabajo.

“Estuve pintando techos y haciendo Uber”, contó sobre los trabajos a destajo para “pagar las cuentas”.

Después de considerar volver a Perú, el país natal de su esposa, Julián consiguió un empleo como sonidista el mes pasado, que al principio fue a media jornada y luego le aumentaron hasta llegar a las 40 horas semanales. Ahora está esperando a ver si le dan beneficios de salud.

Aún así, aceptó una oferta de trabajar los fines de semana como parte del equipo de mantenimiento de un hotel, porque ahora gana menos al empezar en un nuevo trabajo y no le alcanza para enfrentar todos los gastos.

Tobias Pfutze, profesor de economía de Florida International University (FIU), señaló que Uber se ha convertido en un segundo trabajo para muchos que lo utilizan para completar el presupuesto mensual.

“El problema que enfrenta Miami es que los salarios y los sectores donde trabaja la mayoría de la gente son bastante precarios”, apuntó.

Si bien tanto Ibetti Pérez como Julián son inmigrantes que llegaron ya adultos a Estados Unidos, los millennials nacidos en Miami también enfrentan igualmente un panorama laboral poco esperanzador.

Tomas Benach, de 23 años y graduado en Comunicaciones de la University of South Florida en Tampa, tiene dos trabajos desde julio. Trabaja 45 horas semanales, incluyendo los fines de semana, como productor en el turno de la noche en una emisora de radio local y como comentarista deportivo en Barry University.

“Yo esperaba que iba a ser difícil encontrar trabajo, pero no contaba con que los precios de la vivienda iban a estar tan altos”, dijo Benach sobre lo que halló al regresar a Miami, después de terminar sus estudios.

El joven, que paga las mensualidades de un préstamo estudiantil de $7,000, vive con su madre y está ahorrando para comprarse una casa.

“Cuando logre comprarla, sé que tendré que mantener el segundo trabajo”, dijo Benach, reconociendo además que los trabajos creativos y en el campo de las artes no pagan salarios altos.

Para Alejandro Portes, coautor del libro The Global Edge: Miami in the XXI Century(University of California Press, 2018), Miami es una ciudad global de importancia financiera y económica para todo el hemisferio, que juega un papel similar al de Singapur en el sureste de Asia.

Sin embargo, esta condición de Miami como ciudad global genera una desigualdad entre sus residentes.

“Miami presenta una clara bifurcación espacial y social entre las elites asociadas con los bancos, el desarrollo immobiliario, el comercio marítimo y aéreo y el turismo y el resto de la población, confinada a trabajos de servicio manual de baja remuneración”, dijo Portes, profesor emérito de sociología de la Universidad de Princeton y de leyes de la Universidad de Miami.

Portes concluye que Miami ha avanzado enormemente en el último cuarto de siglo, pero los frutos de ese avance se distribuyen muy desigualmente entre las élites educadas en las universidades y la clase trabajadora.

Publicado el Miércoles, 31 de Octubre de 2018