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El miedo a perder el control del dinero acelera la llegada de las divisas digitales públicas

 

El miedo a perder el control del dinero acelera la llegada de las divisas digitales públicas

Experiencia BCP

EL ECONOMISTA

Desde hace años se viene gestando un cambio profundo en lo que conocemos como dinero y en los métodos de pago. Esta evolución, quizá natural, impulsada por la digitalización, ha pegado un acelerón en el último año. El acusado descenso del uso del efectivo (no como medio de ahorro, esa es otra cuestión) y el uso cada vez mayor de nuevos métodos de pago están obligando a la banca central a lanzarse al mundo de las divisas digitales (CBDC por sus siglas en inglés) para retener el control del dinero y la soberanía monetaria dentro de sus jurisdicciones.

El covid-19 ha conseguido que las farmacéuticas encuentren una vacuna eficaz en tiempo récord y también está cerca de lograr que la banca central haga realidad un proyecto que en otras circunstancias habría necesitado años para llevarse a cabo. Este lunes, el Banco de Japón ha anunciado que inicia sus pruebas con el yen digital, mientras que el Banco Popular de China ya está realizando pruebas. El Banco Central Europeo, por su parte, aún está estudiando cuándo y cómo serán esas pruebas con el euro digital. 

Los bancos centrales han pisado el acelerador ante el temor de ser desplazados en el sistema monetario (miedo a perder la soberanía monetaria), tanto por los nuevos métodos de pagos y nuevas formas de dinero (al menos tienen como objetivo el llegar a serlo), como por la propia competencia entre bancos centrales. El éxito de una divisa digital pública y accesible para todo el mundo, puede convertirse en un problema para la soberanía monetaria de otros bancos centrales. Estas divisas digitales públicas no son criptomonedas (como el bitcoin) y buscan ser la evolución natural del dinero en efectivo. Pagar con una CBDC será como hacerlo con billetes o monedas, pero en formato digital.

Alessandro Tentori, director de inversiones de Axa Investment Management en Italia, comenta en una nota que tras un corto periodo de escepticismo, los bancos centrales están ahora estudiando colectivamente y haciendo experimentos con estas divisas digitales. En un principio fue solo cosa del Riksbank sueco (con la e-krona), ahora toda la banca central muestra su interés.

La banca central se une en masa para estudiar el lanzamiento de divisas digitales

El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) ha entrado en el juego como coordinador. Un 80% de los bancos centrales encuestados están uniéndose a la investigación, experimentación y desarrollo de este tipo de proyectos. Además, un 20% de estas instituciones a nivel mundial están pensando en lanzar una CBDC comercial a medio plazo.

"Parte del interés de los bancos centrales en estas monedas digitales es resultado de la rapidez de innovación en el sector financiero por parte de las grandes tecnológicas y su amenaza de convertirse en operadores de divisas a nivel universal, como por ejemplo, la Asociación Libra (que más tarde ha sido renombrada como Asociación Diem) un consorcio creado por Facebook para ayudar a desarrollar su criptomoneda. Si bien esta innovación implica, al menos, en teoría, la elección a nivel político de una moneda pública u otra gestionada de forma privada, en realidad los bancos centrales tienen un gran interés en mantener el control tanto de los sistemas de pagos como del sector financiero más en general y en defender el atractivo de su propia divisa", asegura el experto de Axa Investment Management.

Aunque el proceso ha cogido impulso en los últimos meses, François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, ya subrayaba en 2019 la importancia de contar con una divisa digital pública para mantener el control monetario dentro de la jurisdicción del euro.

En un discurso, el gobernador galo aseguró que podía "ver tres objetivos diferentes, pero no mutuamente excluyentes, para la digitalización de la moneda del banco central. El primero se relaciona con el deseo, en países como Suecia, donde el uso de efectivo está disminuyendo rápidamente, de garantizar a todos los ciudadanos el acceso al dinero del banco central. Una CBDC ayudaría a preservar la confianza en el sistema financiero que se deriva en parte de poder intercambiar activos por moneda de curso legal". Tras la pandemia del covid, el descenso del uso del dinero en efectivo no solo una tendencia en Suecia, es una tendencia en Europa y casi a nivel global.

"El segundo argumento se relaciona con las ganancias de eficiencia, la reducción de los costes de intermediación y la resiliencia que podrían resultar de la tokenización de la moneda de un banco central, especialmente en las actividades de liquidación y posnegociación", explicaba el banquero francés.

Cuestión de soberanía

"La tercera y última razón, y la más importante para las autoridades políticas, incluso en Francia y Europa, es que la creación de una CBDC nos daría una palanca poderosa con la que afirmar nuestra soberanía frente a iniciativas del sector privado como Libra (ahora Diem, proyecto de stablecoin de Facebook)", sentenciaba Villeroy de Galhau.

No solo las stablecoins podrían amenazar la soberanía monetaria del BCE u otros bancos centrales. Son los propios institutos monetarios y sus divisas digitales las que pueden reducir la soberanía monetaria de otras jurisdicciones. Imaginen que la Reserva Federal de EEUU lanza un dólar digital accesible a todo el mundo. Los europeos deciden cambiar sus euros rápidamente por este dólar digital que además paga intereses positivos. El BCE perdería el control monetario en la zona euro y sus políticas se verían esterilizadas.

"Además de retener la soberanía monetaria frente a operadores privados (como Diem), estudios recientes han destacado que el problema de retenerla contra otros bancos centrales se ha convertido en una carrera en lo referente a las CBDC. Para algunos (como el Banco Popular de China), el tiempo es un activo de vital importancia en esta carrera, como en un juego secuencial", asegura Alessandro Tentori.

Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE también ha reconocido algo muy parecido recientemente: "Un euro digital podría protegernos de la posibilidad de que un medio de pago digital público o privado, emitido y controlado desde fuera de la zona euro, desplace los ya existentes, lo que podría plantear problemas de regulación y amenazar la estabilidad financiera o, incluso, nuestra soberanía monetaria y financiera".

Por todo ello, buena parte de los bancos centrales han comenzado a poner el foco en el lanzamiento de sus propias divisas digitales. Ser el último en esta carrera puede tener un coste elevado en términos de control monetario y de efectividad de las políticas monetarias. De modo que lo que hace unos años parecía un plan casi futurístico (tener una divisa digital pública almacenada directamente en el balance del banco central), hoy está mucho más cerca de ser una realidad.

Publicado el Martes, 6 de Abril de 2021

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