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Banca exponencial para la Cuarta Revolución Industrial

 

Banca exponencial para la Cuarta Revolución Industrial

El presidente de BBVA explica los retos del sector financiero en un entorno totalmente digital con nuevos competidores.

Vivimos un tiempo de cambio profundo y acelerado: en la ciencia y la tecnología y, también, en los hábitos y en los valores sociales. Esto afecta de manera radical a todos los sectores y a todas las empresas.

Estos cambios obedecen a la revolución digital que se viene desarrollando desde mediados del siglo XX. Desde entonces, la capacidad de procesamiento y transmisión de la información ha venido incrementándose mientras que su coste se reducía a ritmo exponencial, obedeciendo a la ley de Moore. Este proceso ha dado lugar al surgimiento de las llamadas "tecnologías exponenciales": la movilidad inteligente, la computación en la nube, el Big Data, el Internet de las cosas, la nanotecnología y los nuevos materiales, la robótica, la impresión 3D, la realidad virtual, una gran variedad de biotecnologías y otras muchas se están combinando para dar lugar a la denominada Cuarta Revolución Industrial, que borra los límites entre lo físico y lo digital, lo biológico y lo cibernético.

La revolución digital tuvo un impacto disruptivo enorme en sectores cuyas materias primas y/o productos se componían principalmente de información: los medios, las comunicaciones, la música, determinados sectores de distribución, etc. Ahora, con la Cuarta Revolución Industrial, otros sectores afrontan su propia disrupción. Entre ellos se cuentan los sectores claves de la economía, incluso aquellos basados en productos o servicios físicos o en la relación estrecha y personal con los clientes: la salud, la educación, la energía, el transporte, la alimentación... Y en esa lista hay que incluir a la industria financiera.

La industria financiera -y la banca- podrían haber experimentado una transformación digital temprana y profunda porque sus materias primas y productos se resumen en información y dinero (que es fácilmente digitalizable). Sin embargo, aunque se han visto cambios notables, no han sido revolucionarios. Esto puede atribuirse al conservadurismo de las personas en lo que se refiere al dinero; a la bonanza de la industria en los años anteriores a la crisis financiera, que no estimulaba el cambio; y, por supuesto, a la regulación.

Pero todo esto está cambiando. Primero -y fundamental-, los clientes han cambiado. Existe ya una nueva generación de clientes, nacida o educada en el mundo digital con nuevos hábitos y nuevas demandas. Al tiempo, surgen nuevos competidores de los bancos, que pueden extraer el máximo partido de la tecnología, porque nacen sin las rémoras de los bancos -infraestructuras y sistemas obsoletos e ineficientes- para ofrecer productos y servicios muy concretos, con la máxima rapidez y conveniencia y a coste muy reducido.

Todo esto, junto con el impacto negativo sobre la eficiencia y la rentabilidad de los bancos del entorno de muy bajos tipos de interés y el mayor rigor regulatorio, hace imprescindible y cada vez más urgente una transformación radical de la banca.

Acceso a servicios financieros

Esta transformación traerá grandes beneficios para los usuarios, en términos de calidad, conveniencia y precio de los productos y los servicios financieros. Y permitirá acceder a los servicios financieros a miles de millones de personas de menor renta en todo el mundo.

Vamos, por tanto, hacia una nueva y mejor industria financiera; una industria capaz de extraer todo el partido de la tecnología para impulsar las oportunidades de bienestar y crecimiento de la Cuarta Revolución Industrial. En ese proceso, los bancos competirán con los nuevos entrantes -los llamados fintechs- y, seguramente, con las grandes empresas digitales, que hasta ahora solo han hecho incursiones muy marginales en el negocio financiero.

El cambio de la industria financiera ya se está produciendo. Por una parte, el sector se está fragmentando. Cada año centenares, miles de nuevos entrantes se suman a los más de 20.000 bancos que existen en el mundo. Por otra parte, la industria se está desagregando, porque esos nuevos entrantes rompen la cadena de valor de la banca convencional para ofrecer productos y servicios muy específicos.

Sin embargo, es improbable que estas tendencias persistan. Primero, porque el sistema financiero global ya tiene una clara sobrecapacidad. Y, segundo, porque la conveniencia de los usuarios apunta a soluciones integrales más agregadas.

Por eso, es previsible que la tecnología acabe favoreciendo una consolidación drástica de la industria; la mayor parte de los bancos desaparecerá, junto con la inmensa mayoría de las fintechs.

A la vista de lo que ha ocurrido en otros sectores, el proceso de "reagregación" de la oferta se producirá mediante plataformas que combinarán productos y servicios de diferentes proveedores. Inicialmente se desarrollarán muchas plataformas, unas dedicadas a proporcionar productos o servicios de marca blanca o intermedios a otros proveedores, mientras otras serán "mercados" para clientes finales.

Las enormes economías de escala y de alcance de la economía digital y la conveniencia de los usuarios, reducirán el número de plataformas hasta unas pocas, con una gama amplísima de productos y servicios financieros y no financieros, basados en el conocimiento del cliente.

De esta forma, la cuestión clave es: ¿quién ocupará el centro de estas plataformas, tal y como por ejemplo, hacen hoy Amazon, Google o Apple en sus ámbitos respectivos?

Para situarse en esta posición, la más atractiva por crecimiento y rentabilidad, serán necesarias -aunque no suficientes- dos condiciones: primero, dominar las capacidades más avanzadas que ofrezcan las tecnologías exponenciales; y, segundo, ganarse la confianza de los clientes, en un contexto de competencia y transparencia extremas.

Adaptación al nuevo entorno

Muy pocos: las fintechs de mayor éxito y ambición, los grandes nombres digitales y unos pocos bancos que destaquen en su adaptación al nuevo entorno estarán en condiciones de conseguirlo. Para poder estar en esta lucha, los bancos necesitarán una transformación radical, no solo de sus bases tecnológicas, sino también -y sobre todo- de sus estructuras organizativas, sus equipos humanos y sus culturas corporativas.

Este es el proceso en el que BBVA está trabajando desde el año 2007, cuando comenzamos la renovación de nuestra infraestructura tecnológica. Este esfuerzo, en el que no hemos cejado desde entonces, lo hemos reforzado en los últimos años con una transformación radical de nuestras estructuras organizativas, atrayendo nuevo talento para fortalecer nuestras capacidades digitales e impulsando una cultura corporativa más ágil, flexible, innovadora y colaborativa.

A lo largo de todo este proceso, nuestro foco siempre ha sido la relación con nuestros clientes; por una parte, poniendo la tecnología y la información a su servicio; y, por otra, ganando y manteniendo su confianza sobre la base de principios muy firmes de prudencia, integridad, transparencia y ausencia de conflictos de interés.

En BBVA estamos construyendo la banca exponencial, una banca que se apoya en las tecnologías exponenciales para potenciar la variedad y la calidad de los servicios que ofrecemos y reducir su coste, poniendo así al alcance de todos las oportunidades de esta nueva era.

Publicado el Jueves, 2 de Marzo de 2017

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